Otra vez escribiendo en mi blog; que en realidad es más una expresión de mis sentimientos que otra cosa.
Para esta actualización, mis queridos lectores - si es que hay alguno - los haré sufrir con uno de mis cuentos. El mismo es el resultado de dos equivocaciones y un concurso que se realiza en la empresa donde trabajo. Digo equivocaciones pues la primera es la más grosera que cometí en mucho tiempo y es justamente la de escribirlo; pues no solo no gusto a nadie sino que además me hizo tomar una de las decisiones más dolorosa que tome, por lo menos en este año. La segunda es que no era el cuento destinado a participar en este dichoso concurso, en verdad había escrito otro. Pero un error en mi lectura del reglamento, referido a la cantidad de caracteres que debía tener el mismo me obligo a escribir este de apuro. Como aclaración debo decir que el protagonista no soy yo y por el contrario cuando lo escribí estaba utilizando otra persona como fuente de inspiración (si me permiten llamarla así). Digo esto por que a pesar de ser pésimo el cuento, hubo personas que creyeron que era una especie de Mr. Hyde. Hasta entonces yo creía que solo los buenos escritores podían hacer creer que el autor era realmente el intérprete de sus ficciones. Este me ha demostrado que hasta los noveles y malos escritores podemos emular en esta cuestión a los Stevenson (para el ejemplo que di anteriormente), Poe o quizás sea al revés; a nadie se le pasó por la cabeza que García Márquez era uno de los hermanos Vicario en “Crónica de una muerte anunciada” o JL Borges fuese el asesino del Sinólogo en “El jardín de senderos que se bifurcan”.
Al final a modo de antídoto – y como dije al principio que esto es una expresión de sentimientos – les dejo un fragmento, del que se dice es el primer cuento publicado por Cortazar y que habla cabalmente de mis circunstancias actuales y como estoy, no se preocupen si no entienden la relación con el mismo; no es esa la intención, solo lo dejo a modo de recordatorio para mi futuro, por la semejanza de mi sentir (por culpa del cuento que escribí) con la Diestra protagónica de J. Cortazar.
Bueno basta de cháchara y aquí les dejo el engendro y el fragmento de Estación de la mano.
Dulce despertar
No recordaba el tiempo que no dormía de esta manera; tan placida y tranquila. Normalmente debía recurrir al Valium, mas tenías efecto de pocas horas, la botella de whisky o la combinación de este con el primero, solo le proporcionaba algún tiempo más de sueño, pero pagando el precio de un despertar espantoso.
Torno su cabeza un poco hacia la izquierda, los números luminosos del radio reloj dibujaban las nueve y veinte; tanteo el vaciado paquete de cigarrillos; el estrujarlo le dio la pequeña satisfacción de la existencia del ultimo pucho. Abollonó la almohada para darle más volumen, prendió ceremoniosamente el cigarro, aspiro una profunda pitada, disfruto ese placer, al exhalar casi ruidosamente el humo.
Aquella tarde pasada sucedió; eso que había imaginado tantas veces y la misma cantidad de distintas maneras en su loca ilusión; que ella, aceptara su cita; si bien el desplante que le había hecho el novio y el llanto con que la encontró le ayudo en su oportuna presencia. La hermosa y muy joven, para él, amiga, luego de la discusión con su pareja había recurrido a su consuelo.
No recordaba, que esta situación hubiese sido imaginada exactamente de esta manera en sus alucinados pensamientos, pero habían sido tantos, que la situación no lo tomo desprevenido, supo exactamente que decir y como tratarla, y así, casi inesperadamente, pudo realizar su anhelada obsesión...
Se reclino a su lado sonriendo; su tez pálida, que el tanto tiempo había deseado, ahí estaba, a menos de cinco centímetros, casi lívida; por efecto de la noche pasada, los ojos dulcemente cerrados; la besa con un manso pero extenso beso en la boca. Dichoso retoma su posición, apoyándose con el codo en la cama, para terminar el cigarrillo y seguir disfrutando embelezado de su hermosura. Cuantas veces ella le había regañado para que dejase ese vicio que tanto detestaba, seguramente si estuviera en ese momento conciente, lo volvería a reprender
Al acariciar el mechón de pelo castaño que cae sobre su pequeño y desnudo hombro, por primera vez, en ese; su dulce despertar, se altera, al notar sobre la blanca sabana la purpúrea mancha. Cierra fuertemente los ojos, suspira lenta pero profundamente y se dice a si mismo.
Bueno… después veré que hago con esas manchas de sangre, primero tengo que deshacerme de este cadáver.
Estación de la mano (fragmento)
por Julio Cortázar
Una noche soñé: Dg se había enamorado de mis manos -la izquierda, sin duda, pues ella era diestra- y aprovechaba mi sueño para raptar a la amada cortándola de mi muñeca con el puñal. Me desperté aterrado, comprendiendo por primera vez la locura de dejar una arma en poder de aquella mano. Busqué a Dg, aún batido por las turbias aguas de la visión; estaba acurrucada en la alfombra y en verdad parecía atenta a los movimientos de mi siniestra. Me levanté y fui a guardar el puñal donde no pudiera alcanzarlo, pero después me arrepentí y se lo traje, haciéndome amargos reproches. Ella estaba como desencantada y tenía los dedos entreabiertos en una misteriosa sonrisa de tristeza.
Yo sé que no volverá más. Tan torpe conducta puso en su inocencia la altivez y el rencor. ¡Yo sé que no volverá más! ¿Por qué reprochármelo, palomas, clamando allá arriba por la mano que no retorna a acariciarlas? ¿Por qué afanarse así, rosa de Flandes, si ella no te incluirá ya nunca en sus dimensiones prolijas? Haced como yo, que he vuelto a sacar cuentas, a ponerme mi ropa, y que paseo por la ciudad el perfil de un habitante correcto.
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