Noticias

Loading...

jueves 6 de septiembre de 2007

Mi primera lección de asador

Ante la nota publicada por mi muy admirado Lalo Mir "Manual de la Carne ILUSTRADO" en su blog LaLocura, trate de pensar en la relación que une mi vida con la confección del criollazo asado.
El aprendizaje de este arte culinario, como siempre sucede con la mayoría de las enseñanzas, comienza en el hogar, durante la infancia. Fue mi querida Vieja la que me inicio en los recónditos secretos del buen asador, si bien la lógica, diría que debería haber sido mi Padre el responsable, en mi caso no fue así. La vieja después de parir, alimentar, limpiar la casa y atender al marido y seis hijos, también hacía el asado. De esta experiencia debe haber ella elaborado el primer consejo que dio, a quien para entonces sería mi futura esposa.
- “No aprendas nunca a prender el fuego m´hijita, porque sino lo vas a tener que hacer por el resto de tus días”
Sabia la vieja, lástima que esta sabiduría la sorprendió tarde, no por ella, por nosotros, los sufridos consumidores, pues la pobre hace unos asados horribles.
Pero como dicen que de los errores también se aprende yo aprendí de los muchos que cometió ella en su historial de parrillera.
Una de las primeras lecciones aprendidas, es que para realizar un buen asadito hay que tener fuego en abundancia. La vieja con tres carboncitos tirados en el piso, pues mis orígenes son muy humildes y no teníamos lugar donde realizar dicho menester, esta inopia de comburente obligaba a mi madre a darle a la carne un sinfín de vueltas, sobre la parrilla apoyada sobre ocho medios ladrillos bayos, que se convertían en cuatro a medidad que el fuego por acción del tiempo se consumía, como dicen los pseudos expertos “asado a lo gringo” , que más que cocinarse por el calor de las brasas lo hacía gracias a la inquina de los rayos del sol.
Así es que de esta primera enseñanza, cuando mi mujer dice
- Cacho compre una tirita de asado ¿la harías hoy al medio día?
Siguiendo mi respuesta:
- Negra, tengo solo una bolsa de 4 kilos de carbón, no me alcanza, dejame leer el diario y pone la tirita y el choricito en la asadera. Adminículo este, mezcla de tostadora, budinera con tapa de olla que se coloca arriba de la hornalla y dentro de la cual se abrasa la carne, usado desde la época de mi de mi abuela, donde utilizaba este aparataje (por haberse casado con un originario de Siria, que lo único que sabía hacer con carne era kepe, carne cruda pa´la gilada) como única manera que tenía la pobre de engullirse unas deliciosas entrañas, más o menos a la usanza autóctona, acostumbrada por esta criollaza de pura cepa, antes de conocer a este insigne inmigrante.

Volviendo a la vieja, que gracias a Dios dejo de hacer el asado cuando yo una vez graduado de vernáculo cheff , tome la posta. ¿Qué me creían un desconsiderado? Viendo tantos años a mi pobre Madre arqueada sobre la parrilla, con un palo de escoba utilizado a manera de primitivo atizador, llega una edad en que uno tiene que hacerse cargo. Si, una edad, “porque nosotros antes” (como nos dicen los viejos) , teníamos una edad para todo, no como ahora que se puede hacer cualquier cosa, no importa las primaveras que tengas. A los quince los primeros pantalones largos, a los 18 la llave de la casa y como en mi caso a los 27 el primer asado y la pobre vieja por fin a sus ollas y sartenes que pa´ eso está.

0 comentarios: