Vez pasada, con la excusa de celebrar el cumpleaños de una amiga (que entre sus muchos meritos para conmigo tiene el de que trate a genios como el que inspira estas líneas o Cortazar en tiempo presente) visite su departamento por primera vez, por favor piensen mal, si...exactamente fui junto a un grupo y estaba presente su pareja, además de la gigantesca barrera de años que nos separa. Normalmente en la primera visita a una casa, uno disimuladamente inspecciona el lugar; será algo que queda de nuestra naturaleza animal lo que hace que uno indague un sitio desconocido, por si la necesidad hace que debamos huir, sensación que me invade muchísimas veces en lugares extraños o tal vez la explicación mucho más sencilla de satisfacer nuestra humana propensión a curiosear. Sea cual fuere el motivo, estaba en esa situación mirando lo menos censurable en estos casos después del baño que por razones obvias de privacidad tiene el primer lugar, es decir me puse a observar una pequeña biblioteca modular que como quien mira una pintura colgada de una pared nadie presta atención si uno es sorprendido realizando dicha acción. En el anaquel principal había cuidadosamente acomodada una sola colección de libros, dispuestos a mi primera impresión, más como adorno que como material de lectura habitual, los mismos eran las obras completas de Jorge Luis Borges, guiado equivocadamente por dicha primera impresión es que pregunto al joven dueño de casa, si efectivamente las leyó en su totalidad, al recibir de parte de este, la respuesta que no esperaba, es decir una rotunda afirmación y con ello recibiendo el golpe de gracia a mi condición de lector varias veces frustrado de JLB.
Por favor, infortunado visitante de mi blog, no mal interprete; no es que no me guste la lectura, tampoco es mi actividad principal pero ya una vez retire de la biblioteca del pueblo, el Aleph, llegue a leer El Inmortal siendo el aburrimiento tal, que lo devolví en tiempo y forma sin renovar el préstamo para terminar dicho ejemplar. En otra ocasión compré Ficciones en una edición de bolsillo, no superando Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, todo eso sumado a uno o dos cuentos bajados de la red componen toda mi cultura Borgiana al momento de recibir tan inesperado impacto de parte de un chico que no debe superar los treinta años.
Con mi orgullo mal herido volví a casa y al primer momento de solaz fui en la búsqueda del volumen de Ficciones, en la biblioteca, gracias a mi aparente aleatoriedad que en realidad es un amontonado (no cabe el participio guardado en mi caso) en base a asociación de ideas de las cosas, mire cerca de los cuatros tomos de Las mil y una noche, obra comprada por influencia del mismo JLB, no estaba. Como siempre en estos casos de desorden fui al dormitorio de mis hijas, y efectivamente hecho un sándwich entre Cien años de soledad y Paris era una fiesta estaba el anhelado Ficciones.
Para no caer en las experiencias anteriores me guíe por el criterio de Borges que considera como su primera obra el libro El jardín de los senderos que se bifurcan, definiendo a los anteriores como “Olvidables” usando un calificativo bien Borgiano. Es por eso que lo abrí en esa imaginaria página 242 y a no saber cual fue mi sorpresa al terminar el cuento de un solo tirón. Es por eso que, infortunado lector de esta bitácora, si eres Un Nunca o Frustrado a veces lector de JLB, mi recomendación es que empieces por este título, en donde puedes encontrar un párrafo como este: “Siglos de siglos y sólo en el presente ocurren los hechos; innumerables hombres en el aire, en la tierra y el mar, y todo lo que realmente me pasa me pasa a mí...”
No te sentís así en más una oportunidad, bueno aquí tenés una frase para que puedas expresar ese sentimiento.
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